
Uno de los oficiales hizo la pregunta que nadie quería hacer. Preguntó si existía Dios. El ser se quedó completamente inmóvil por unos segundos. Luego respondió. Dijo que sí existe. Pero no es como lo imagina la gente. No es una persona. No piensa como humano. No siente nada. No tiene intención buena ni mala. Es algo vivo… pero no como nosotros.

Imagina que un día el cielo cambia. Los telescopios del mundo detectan algo extraño cerca del Sol. Al principio parece un error en los datos, pero distintos observatorios en diferentes países ven exactamente lo mismo. Es una estructura enorme que comienza a aparecer alrededor de nuestro sol. Lo más extraño es que no llegó desde fuera del sistema solar. Se está construyendo ahí mismo.

Esta pregunta la dijo en voz baja un joven operador del telescopio James Webb después de revisar una serie de resultados que apuntaban a una gigantesca estructura que enviaba naves y sondas disfrazadas de meteoros a las cercanías de la Tierra.

Naves suspendidas sobre montañas de hielo, estructuras gigantes moviéndose bajo el océano congelado y un cilindro metálico de kilómetros de longitud entrando en una caverna secreta.

¿Los vigilantes fueron los culpables del diluvio? Los llamados Vigilantes de la tierra descendieron del cielo. Eran altos, de apariencia perfecta, con una presencia que los humanos nunca habían visto. Sus alas se extendían de forma poderosa. Cuando los hombres los vieron, no dudaron en algo: pensaron que estaban frente a dioses.

¿Clonar a Jesús de Nazaret? ¿Se atrevieron a realizar un experimento diseñado para desafiar lo divino, lo sagrado y lo que la humanidad considera intocable? Altas jerarquías religiosas, científicos de élite, agencias de inteligencia y financistas invisibles unieron fuerzas bajo un mismo objetivo. Clonar al hijo De Dios.